Capítulo 5. Disfrutando del estudio.

Al igual que hice después de los dos exámenes anteriores, tomé la decisión de disfrutar de un mes de asueto, relax y desconexión total sin siquiera mirar ni tocar un papel porque me lo pedía tanto el cuerpo como la mente. Después de once meses de estudio intensivo sacrificando el lado lúdico de la vida, privándome del ocio y el tiempo libre, con la rutina que me imponía a mí mismo como opositor me quedaba realmente agotado y necesitaba recuperar fuerzas, cargar las pilas y disfrutar también de momentos de diversión y jolgorio, aunque esta vez fue diferente a las dos anteriores. En esta ocasión a las dos semanas ya tenía de nuevo ganas de ponerme a estudiar, llegué incluso a aburrirme porque había asimilado una dinámica de estudio y concentración que no quería perderla. Al final fueron tres semanas de descanso y me decidí a volver a cambiar de academia, comenzaba mi tercer año opositando con la tercera academia que probaba porque necesitaba nuevos estímulos de cara al año crucial al que me enfrentaba porque ya empezaba a agobiarme y a sufrir por mi situación.

Esta nueva academia tenía las clases virtuales grabadas, por lo que podías verlas cuando quisieras y detener el vídeo y volver atrás o hacia adelante a discreción, también poseía mucho más material didáctico con talleres grabados específicos sobre las materias que más preguntaban en los exámenes oficiales de dos horas de duración y muchísimos más test y supuestos prácticos que las dos academias anteriores. En los dos exámenes anteriores había superado el primer examen tipo test, pero me había quedado en el segundo examen que eran los temidos supuestos prácticos por lo que tomé la decisión de realizar a diario cinco supuestos prácticos para complementar el estudio. La dinámica y el horario de estudio eran idénticos a los del año anterior, sobre las 9 am me bajaba al parque para cantar los temas y mis descansos coincidían con los saludos matinales al abuelo del andador y su rutina de desayuno y mercado, el comisario de policía jubilado paseando a su perro, las dos hermanas viudas y sus ejercicios, el grupo de Taichi, los jubilados de la petanca y también se unió a mi grupo de fans mi señor padre cuando regresaba de su caminata mañanera. Mi padre me estaba viendo a diario el sacrificio y el esfuerzo que estaba realizando y como él también opositó en su día se solidarizó conmigo, sabía lo importante que es el apoyo y la comprensión porque nadie que ha opositado alguna vez sabe lo que supone la soledad del opositor.

Cuando uno trabaja durante todo el mes obtiene una recompensa a su esfuerzo en forma de salario que hace más llevadera dicha obligación, cuando uno estudia un grado universitario o un módulo de FP sabe que tiene un examen para cada materia e incluso la opción de recuperar dicha asignatura en una convocatoria posterior. El opositor se juega todas sus cartas a una sola mano, todo el trabajo realizado durante un año entero debe plasmarlo el día del examen sin importar que puedan traicionarle los nervios, que enferme unos días antes menguando sus capacidades o el pánico que produce la posibilidad de que ocurra alguna desgracia en la familia que te desconcentre totalmente. La oposición se asemeja mucho a una carrera de fondo repleta de obstáculos que superar, no sirve de nada estudiar mucho durante un mes y después no estudiar al mes siguiente porque la mitad de las cosas se te olvidan. Es tanta la competencia y tantos los factores que influyen que hay que saber gestionar muy bien cuando no se aprueba, es realmente duro estar doce meses estudiando sacrificándote para después no obtener la plaza por lo que rendirse no es una opción. Hay que pensar que se está un poco más cerca del objetivo y que todo lo estudiado nos servirá para el año que viene aunque es lógico, normal y hasta sano llorar de forma desconsolada cuando no se logra aprobar.

Mi padre salía a caminar todas las mañanas y a su regreso se sentaba conmigo en el parque para interesarse por cómo me estaba cundiendo la mañana de estudio, me insuflaba ánimos y me reconfortaba informándome sobre el menú que nos esperaba en casa a la hora de comer ya que para mí comer es uno de los mayores placeres de la vida. Aunque pueda resultar extraño la comida era uno de los momentos más especiales porque contenía esa variedad que tanto anhelaba en mi rutinaria vida estudiantil, me encontraba inmerso en el día de la marmota como aquella genial película protagonizada por Billy Murray“ Atrapado en el tiempo” donde siempre se repetía el mismo día. A eso de las 16:30 horas regresaba al parque para seguir cantando los temas y dos horas y media después subía a mi habitación para realizar los cinco supuestos prácticos. Este año estaba haciendo menos test que los dos anteriores aunque bastantes más supuestos prácticos que los dos años anteriores y además aunque parezca extraño comenzaba a disfrutar estudiando.

El examen tipo test consta de ciento veinte preguntas y para aprobarlo hay que obtener más de sesenta y cinco puntos, cada tres preguntas erróneas resta un punto positivo por lo que puedes dejar unas diez o quince preguntas en blanco sin necesidad de arriesgar. Sin embargo en los supuestos prácticos son tan sólo 40 preguntas divididas entre ocho supuestos, en torno a uno o dos puntos hay unas dos mil personas por lo que es fundamental saber gestionar de forma correcta el examen e intuir si hay que arriesgar o no contestando a más o menos preguntas. En el supuesto de que el examen sea muy difícil no es conveniente arriesgar porque al igual que en el tes cada tres errores resta una respuesta correcta, si el examen es difícil lo es para todos los opositores por lo que se recomienda dejar más preguntas en blanco. En el caso contrario de que veamos que el examen es más accesible sí que se recomienda arriesgar porque la nota de corte será alta ya que habrá muchos opositores que obtengan una puntuación alta. Cuando un opositor domina el temario y lo hace suyo es perfectamente capaz de intuir el grado de dificultad del examen con tan sólo leyendo los enunciados de las preguntas, al existir un tiempo límite fijado también hay que saber gestionar muy bien el tiempo para no quedarnos atrancados en un supuesto perdiendo un tiempo precioso que al final echaremos de menos.

El tiempo del examen está ajustado de tal manera que en el tipo test el opositor tiene un minuto por cada pregunta mientras que para cada uno de los ocho supuestos tiene nueve minutos, de ahí la importancia de leer rápido los enunciados y responder primero a las preguntas que sabemos seguro la respuesta para ir cosechando puntos, saber cuándo un texto muy largo esconde mucha “ paja” para robarnos el preciado tiempo e incluso hay opositores que primero leen las preguntas y después el supuesto para centrarse en la parte del texto por el que nos van a preguntar posteriormente. Al igual que en el juego del parchís todo es táctica. Por mi experiencia como opositor puedo recomendar que hasta Junio el ritmo de estudio sea elevado, los tres meses de verano yo bajaba el ritmo para disfrutar también del verano y no quemarse porque el tórrido calor veraniego puede achicharrar nuestra motivación. A partir de Septiembre cuchillo entre los dientes, apretar el culo y a darlo todo hasta un mes antes del examen en el que recomiendo bajar el ritmo y repasar de forma más calmada porque es fundamental no llegar agotado a ese día tan importante. Como siempre la táctica y los ritmos de estudio es algo muy personal y queda a gusto del consumidor.

Durante los dos años anteriores enfrentarme a un supuesto práctico era algo parecido a una tortura, te pueden preguntar cualquier cosa de los cincuenta temas y además los enunciados suelen ser enrevesados y con información que puede no servirte para nada aunque con los nervios y el factor tiempo te provocan confusión. A eso hay que sumarle que las preguntas suelen ir encadenadas por lo que si fallas en la primera es muy probable que te equivoques en las restantes y entonces tu ánimo queda por los suelos al haber obtenido un solo punto de cinco posibles. Este tercer año comenzaba a dominar el temario y lo estaba haciendo mío por lo que disfrutaba haciendo supuestos prácticos, ahora controlaba mucho más las diferentes materias y por lo tanto tanto la técnica del cante como la táctica para realizar los supuestos mejoraban con el paso de las semanas de estudio y concentración. Como compruebas que tu esfuerzo está dando resultados y que estás memorizando el temario además de comprenderlo, al comprobar que cada tema se asienta en tu memoria y que los supuestos ya no son tan fieros pues quieres estudiar más para que no se olvide todo lo que ya has estudiado. Es cuando comienzas a disfrutar estudiando y bajas al parque con una sonrisa en la cara, es cuando ya no sudas haciendo un supuesto sino que te enfrentas a él diciéndole pregúntame lo que quieras que no me vas a pillar. Es entonces cuando más consciente eres de que vas por el camino correcto y de que una plaza lleva tu nombre, que este año es el tuyo no porque a la tercera va la vencida sino porque te lo estás currando de lo lindo y por lo tanto te lo mereces. En esta montaña rusa de sensaciones y emociones que supone opositar pasas por momentos de subidón pensando que vas a aprobar y otros momentos de bajón que sientes que no lo vas a lograr porque cada año se presenta gente mejor preparada. Es clave en un opositor no entrar en el autosabotaje porque nosotros mismos podemos ser nuestro peor enemigo.

Libro Opositando a los 40

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