Capítulo 6. El verano y sus tentaciones.
El verano es la peor época del año para un opositor por la cantidad de tentaciones que tiene a su alrededor, el calor es un fiel enemigo de la concentración y además la mayoría de los trabajadores disfrutan de vacaciones y hay mucha más gente en la calle que en invierno. Las ofertas de ocio estival se multiplican con: ferias, fiestas populares, verbenas en los pueblos, conciertos, festivales de música, excursiones a la playa o al río y el lado lúdico de la vida se multiplica por todas las esquinas. Mi experiencia en los dos años anteriores es que no es recomendable estar todo el año estudiando al máximo porque podemos llegar al examen exhaustos, además de que hay un momento en el que la mente ya no puede adquirir más conocimientos y se bloquea por lo que por muchas horas que estudiemos nuestra capacidad se ve limitada. Es muy importante planificar el año porque también necesitamos descansar, desconectar, relajarnos, recargar las pilas y disfrutar de la vida que según John Lennon “ la vida es lo que pasa mientras que pensamos que hacer con la vida”. En el supuesto de que el examen sea en Febrero, yo recomiendo comenzar en Marzo a buen ritmo de estudio y mantenerlo hasta la llegada del verano. Los meses de Junio, Julio y Agosto yo recomiendo bajar el ritmo de forma notable aunque nunca dejando totalmente colgado los estudios, es frustrante estar dos meses sin estudiar un tema y comprobar que prácticamente se ha olvidado todo lo estudiado anteriormente al volver a dicho tema. La cuestión es continuar estudiando y sobre todo repasando el temario aunque reduciendo el tiempo de estudio, pasando más tiempo con la familia y amigos y aprovechar el ocio que nos ofrece el verano, disfrutar las largas noches tropicales a la luz de la luna y bajo un manto de estrellas buscar la redención entre los muslos de cualquiera que se parezca a ti.
En septiembre ir aumentando de nuevo el ritmo de estudio de forma progresiva y ponernos el cuchillo entre los dientes, apretar el culo, vista al frente, paso firme y mala leche porque nos encontramos en la recta final antes de las navidades. Ahora es cuando hay que atarse los machos y estudiar con ahínco, tesón, constancia y mucho, mucho sacrificio porque es el momento de demostrar de la pasta que estamos hechos. Cuando la cosa se pone dura los duros son los que duran. Debemos aprovechar que estamos descansados y relajados del verano para exigirnos al máximo y comprobaremos como nuestra memoria se amplía mientras que el temario es el mismo. En estos tres meses antes del examen debemos subirnos a una espiral progresiva, ascendente y positiva y ser nuestros mejores aliados porque el temario lo hacemos nuestro y nuestra capacidad de estudio es cada vez más amplia. El peor enemigo del opositor es el propio opositor porque es muy común flagelarnos con el autosabotaje y nos sorprendemos hablándonos a nosotros mismos con frases como “esto es muy difícil, no me va a dar tiempo a ir lo bien preparado que me gustaría, cada vez se presenta más gente y mejor preparada, ¿ qué voy a hacer si vuelvo a suspender?”.
En estos meses previos al examen se mezclan multitud de sensaciones y emociones como si estuviéramos subidos en una montaña rusa, el miedo al fracaso de suspender se mezcla con la euforia desatada al comprobar que aprobamos los exámenes de la academia, la incertidumbre sobre el examen con la ilusión de lograr aprobar crean una mezcla explosiva para la cabeza y los sentidos que en mi caso me produjo un insomnio como nunca había tenido en mi vida. Había noches que sin razón aparente me levantaba al aseo para miccionar y al volver a la cama ya no lograba conciliar de nuevo el sueño, miraba el reloj y comprobaba aterrado que eran las tres de la madrugada. Trataba de relajarme y cerrar los ojos meditando aunque tan sólo conseguía dar vueltas en la cama, cuando la desesperación se apoderaba de mí porque era consciente de que necesitaba descansar para estudiar al día siguiente y asimilar lo estudiado el día anterior cogía un libro y comenzaba a leer. Casi todas las noches me duermo leyendo las páginas de un libro ya que para mí es el mejor narcótico además de una de mis pasiones y sin embargo era incapaz de conciliar el sueño. A eso de las cinco de la madrugada me levantaba agobiado de la cama y encendía el televisor para ver alguna película grabada, a mitad de la proyección comenzaban a cerrarse los ojos y regresaba a la cama para levantarme sobre las nueve de la mañana. La presión, el estrés, el agobio y la ansiedad estaban haciendo mella en mi capacidad para dormir por la noche de un tirón y el cansancio azotaba mi organismo cuando el insomnio me arrancaba de los brazos de Morfeo.
Estos últimos meses del año también me ocurrió algo curioso y extraño porque comencé a disfrutar del estudio, nunca me había gustado estudiar y ahora experimentaba un placer desconocido hasta entonces que era el asentamiento en mi memoria de lo aprendido. Ahora me enfrentaba con gusto y alegría a los temidos supuestos prácticos, dominaba el temario en profundidad dándole un poso estable y arraigado en mi interior y cada día era un chute de motivación porque comprobaba que todo el trabajo realizado comenzaba a dar sus frutos. Estaba convirtiéndome en un experto en la materia y eso me ponía cachondo, como era consciente de que dominaba el temario no quería que se me olvidara lo aprendido por lo que a diario estudiaba con más ahínco, tesón y ganas de tener ganas porque la vida comenzaba a ser maravillosa de nuevo.
Yo siempre he tratado de disfrutar de mi cuerpo y de mi mente por lo que el sexo siempre me ha parecido algo maravilloso, el mejor invento de la naturaleza para procrear y además pasar unos momentos placenteros: besando, abrazando, acariciando, jadeando, compartiendo saliva, sudor y flujos corporales, dando y recibiendo placer sin pensar en nada más que en el sexo y para colmo todo eso gratis y sin pagar impuestos. Es algo tan formidable que me preocupó el hecho de que había perdido la cuenta de la última vez que mantuve relaciones sexuales e incluso de la última vez que me había masturbado, mi preocupación aumentó de formas exponencial al no lograr recordar la última vez que había tenido una erección. En la comida se lo comenté a mi padre y me dijo que era algo normal y corriente en mi situación actual, el sexo está en la cabeza y no en los genitales por lo que ahora mismo tu cabeza está centrada en la oposición y es por eso que tu cuerpo no se activa sexualmente. Mi mente estaba tan ocupada en el estudio que no tenía tiempo ni ganas de enviarle señales de deseo al cuerpo, mi miembro no se activaba en ningún momento salvo la típica erección matinal recién levantado antes de orinar e incluso me percaté de que llevaba bastante tiempo sin ni siquiera consumir algo de pornografía en internet. Definitivamente la oposición me había convertido en un súper guerrero fuerte y además libre de toda dependencia sexual y afectiva con el sexo opuesto, ya no sentía la necesidad de seducir ni de conquistar sino de seguir estudiando, repasando y haciendo supuestos prácticos.