La nueva oposición de Ayudantes de Ejecución Penal de Euskadi incorpora tres pruebas físicas eliminatorias. Con 379 plazas convocadas y alrededor de 2.300 solicitudes según cifras que circulan entre opositores, la preparación física puede convertirse en uno de los grandes desafíos del proceso selectivo.
Las oposiciones de prisiones en Euskadi llegan con novedades importantes. La convocatoria de 2026 ofrece 379 plazas de acceso libre para la Escala de Ayudantes en Ejecución Penal, pero hay una diferencia que puede cambiar la estrategia de preparación de muchos aspirantes: las pruebas físicas.
A diferencia de lo que sucede en el acceso al Cuerpo de Ayudantes de Instituciones Penitenciarias de la Administración General del Estado, el proceso vasco incorpora una prueba de aptitud física obligatoria y eliminatoria. No basta con dominar el temario y resolver correctamente los supuestos prácticos: también hay que demostrar una condición física suficiente para superar los tres ejercicios establecidos.
Y aquí surge una pregunta importante: ¿hasta qué punto deben influir las capacidades físicas en la selección de los futuros funcionarios de prisiones?
379 plazas y unas 2.300 solicitudes: ¿cuánta competencia habrá?
La convocatoria oficial del Gobierno Vasco contempla 379 plazas, correspondientes al turno libre y al acceso general.
En cuanto al número de aspirantes, circula una cifra aproximada de 2.300 solicitudes. Conviene tratarla con cautela: mientras no se publique una cifra oficial definitiva, no podemos considerarla confirmada.
Si esa estimación se aproximara al número final de solicitudes admitidas, habría unas seis solicitudes por plaza. Sin embargo, ese dato no reflejaría por sí solo la competencia real: habrá que conocer cuántas personas cumplen los requisitos, cuántas acuden a las pruebas y cuántas consiguen superarlas.
En las oposiciones estatales tenemos un precedente que ayuda a entender esta diferencia. En la convocatoria de 2025 del Cuerpo de Ayudantes de Instituciones Penitenciarias se registraron 8.972 instancias, según los datos publicados en nuestro análisis de aquella convocatoria. Finalmente, se presentaron 6.757 personas al examen, aproximadamente el 75 %.
Es decir, una de cada cuatro personas inscritas no acudió al examen.
No podemos asumir que Euskadi tendrá el mismo porcentaje de ausencias, especialmente porque su proceso selectivo tiene características diferentes. Pero sí conviene recordar una lección: el número de solicitudes no equivale al número de competidores que finalmente se presentan y participan en el proceso.
Las tres pruebas físicas de las oposiciones de Euskadi
La convocatoria establece una prueba de aptitud física obligatoria y eliminatoria, compuesta por tres ejercicios. Para obtener la calificación de apto es necesario superar los tres.
1. Circuito de agilidad con carga
El primer ejercicio combina coordinación, velocidad, agilidad y capacidad para desplazarse mientras se transporta un saco.
El recorrido incluye obstáculos y una voltereta, y exige respetar una secuencia concreta de ejecución. No se trata únicamente de correr rápido: también hay que controlar los movimientos y completar correctamente el circuito.
El saco pesa 20 kg para los hombres y 15 kg para las mujeres. Las vallas tienen una altura de 90 cm para los hombres y 80 cm para las mujeres.
El tiempo máximo para obtener el apto es de 20,5 segundos para los hombres y 24,5 segundos para las mujeres. Se permiten dos intentos.
Esta prueba exige entrenar la coordinación, los cambios de dirección, la velocidad y la familiarización con el recorrido. Llegar en buena forma física ayuda, pero conocer la técnica y evitar errores puede resultar igualmente importante.
2. Prueba de fuerza sobre banco
El segundo ejercicio mide la fuerza y la resistencia muscular del tren superior mediante flexiones de brazos con una barra de halterofilia.
La prueba dura 45 segundos y exige realizar el mayor número posible de repeticiones válidas.
Hombres: 35 kg y un mínimo de 23 repeticiones.
Mujeres: 25 kg y un mínimo de 19 repeticiones.
Solo se permite un intento. Además, las repeticiones deben ejecutarse correctamente: hay que extender los brazos y tocar el pecho con la barra durante la flexión, sin utilizar rebotes para facilitar el movimiento.
Por eso, no basta con entrenar fuerza máxima. También es necesario desarrollar resistencia muscular y acostumbrarse a realizar las repeticiones con la técnica exigida.
3. Carrera de resistencia de 1.000 metros
El tercer ejercicio es una carrera de 1.000 metros sobre una superficie lisa, plana y dura.
Los tiempos máximos establecidos son:
Hombres: 4 minutos.
Mujeres: 4 minutos y 40 segundos.
En este ejercicio solo se permite un intento, con las condiciones de salida establecidas en las bases.
Para muchos opositores, la carrera será una prueba decisiva. Es importante trabajar la resistencia, el ritmo de competición y la capacidad de mantener el esfuerzo durante toda la distancia.
Los tres ejercicios tienen algo en común: no basta con preparar la oposición estudiando. Quien quiera superar el proceso debe reservar tiempo para entrenar y llegar al examen con una preparación física específica.
Los tiempos, pesos y demás condiciones descritos corresponden a las bases oficiales de la convocatoria. Antes de entrenar, conviene revisar la convocatoria y las instrucciones aplicables a cada ejercicio.
¿Por qué incluir pruebas físicas en una oposición de prisiones?
La inclusión de estas pruebas abre un debate legítimo sobre el perfil profesional que necesita la Administración penitenciaria.
Trabajar en una prisión no consiste exclusivamente en realizar tareas administrativas o conocer la normativa. Los funcionarios desarrollan su actividad en un entorno particular, con responsabilidades de vigilancia, seguridad, intervención, comunicación y gestión de situaciones potencialmente conflictivas.
En determinadas circunstancias puede ser necesario reaccionar con rapidez, desplazarse con agilidad o mantener el control ante una situación de tensión.
Desde esa perspectiva, una prueba física puede entenderse como un intento de comprobar que las personas aspirantes disponen de unas capacidades básicas relacionadas con las exigencias del puesto.
Sin embargo, también es razonable preguntarse si el diseño de las pruebas refleja de la mejor manera posible el trabajo cotidiano en prisión.
Un circuito de agilidad, una prueba de fuerza y una carrera miden capacidades físicas concretas. Pero el desempeño profesional también depende de la comunicación, la capacidad de observación, el autocontrol, el trabajo en equipo, la toma de decisiones y la gestión de conflictos.
Por eso, el debate no debería limitarse a decidir si las pruebas físicas son demasiado duras o demasiado fáciles. La cuestión fundamental es si evalúan capacidades relevantes para el trabajo y si lo hacen de una forma proporcionada y objetiva.
La convocatoria vasca incluye también una evaluación de competencias obligatoria, aunque no eliminatoria, con una puntuación máxima de cinco puntos. Esto permite introducir una dimensión complementaria a los conocimientos teóricos y la aptitud física.
Una realidad penitenciaria mayoritariamente masculina, casi el 95% de los presos en España son hombres
Las estadísticas ayudan a comprender el contexto en el que trabajan los funcionarios de prisiones.
Según los datos de la Fiscalía General del Estado referidos al 31 de diciembre de 2025, España tenía 62.398 personas reclusas: 58.127 hombres y 4.271 mujeres.
Esto significa que aproximadamente el 93,2 % de la población reclusa eran hombres, frente al 6,8 % de mujeres.
La distribución no es idéntica en todos los territorios. En el País Vasco, por ejemplo, la estadística de 2023 registraba un 91,5 % de hombres y un 8,5 % de mujeres entre la población penitenciaria.
En cualquier caso, los datos muestran una realidad clara: los hombres representan una amplia mayoría de las personas privadas de libertad en las prisiones españolas.
Esta circunstancia puede formar parte del debate sobre las condiciones de trabajo, la seguridad y las capacidades que deben evaluarse al seleccionar a los futuros funcionarios.
Ahora bien, hay una distinción importante: que la población penitenciaria sea mayoritariamente masculina no demuestra por sí mismo que unas pruebas físicas concretas sean necesarias ni que deban tener determinados niveles de exigencia. Para justificar su diseño es necesario atender a las funciones reales del puesto y a criterios objetivos de aptitud.
¿Y cuántas mujeres trabajan como funcionarias de prisiones?
La presencia de mujeres en el personal penitenciario también aporta contexto a este debate.
El III Plan para la Igualdad de Género en la Administración General del Estado, publicado en el BOE en 2021, recogía que las mujeres representaban aproximadamente el 23 % de los efectivos del Cuerpo de Ayudantes de Instituciones Penitenciarias en los datos utilizados para su elaboración.
Es una referencia oficial relevante, aunque no debe presentarse como el porcentaje actual exacto: corresponde a una fuente anterior y al cuerpo estatal, no necesariamente a la plantilla penitenciaria vasca de 2026.
Además, conviene distinguir entre la composición de la población reclusa, la composición de las plantillas y las condiciones de acceso al empleo público. Son cuestiones relacionadas, pero no equivalentes.
La profesión necesita seleccionar a personas capaces de desempeñar sus funciones con seguridad y profesionalidad. Al mismo tiempo, las pruebas deben evaluar las capacidades relevantes para el puesto, sin confundir la aptitud física con la capacidad global para ser un buen funcionario de prisiones.
¿Son demasiado duras las pruebas físicas de Euskadi?
La respuesta depende, en buena medida, de la preparación de cada aspirante y de la relación entre las exigencias de las pruebas y las necesidades reales del trabajo.
Para alguien que lleva años estudiando y apenas ha entrenado, preparar un circuito de agilidad con carga, una prueba de fuerza y una carrera cronometrada puede suponer un cambio importante en su rutina.
Para una persona que practica deporte habitualmente, el reto puede ser diferente: adaptar su entrenamiento a los tiempos, pesos, técnica y reglas concretas de la convocatoria.
En ambos casos, el error sería dejar la preparación física para las últimas semanas.
Quienes se presenten deberían familiarizarse cuanto antes con los tres ejercicios, identificar sus puntos débiles y establecer un plan de entrenamiento progresivo. También deben respetar los descansos y evitar aumentar bruscamente la carga de trabajo con el objetivo de mejorar rápidamente.
Si existen lesiones, enfermedades o dudas sobre la capacidad para realizar estos ejercicios, es recomendable consultar con un profesional sanitario antes de iniciar una preparación intensa.
Cómo preparar las pruebas sin descuidar el temario
La oposición de Euskadi exige combinar varias áreas de preparación. Centrarse exclusivamente en una de ellas puede perjudicar el resultado final.
Una estrategia razonable consiste en organizar el trabajo semanal en tres bloques:
1. Preparación teórica y práctica. Estudiar el temario, realizar test y resolver casos teórico-prácticos. La velocidad de respuesta y la capacidad para aplicar los conocimientos son importantes.
2. Entrenamiento físico específico. Trabajar de forma progresiva la agilidad, la fuerza y la resistencia, adaptando los ejercicios a las exigencias oficiales.
3. Evaluación y seguimiento. Realizar simulaciones periódicas, registrar los tiempos y las repeticiones, y comprobar si se cumplen los mínimos de cada ejercicio sin descuidar el rendimiento académico.
La clave es llegar al proceso selectivo con una preparación equilibrada. Mejorar mucho en una sola prueba no compensa suspender cualquiera de las otras dos.
¿Deberían implantarse pruebas físicas eliminatorias en las oposiciones de prisiones de toda España?
La experiencia de Euskadi también abre un debate para el resto de la Administración penitenciaria española: ¿deberían exigirse pruebas físicas eliminatorias a todos los aspirantes al Cuerpo de Ayudantes de Instituciones Penitenciarias? La realidad es que trabajar en una prisión implica convivir con situaciones de tensión, intervenir en conflictos y afrontar, en ocasiones, incidentes que requieren una respuesta física rápida y proporcionada. Además, los funcionarios de prisiones tienen reconocida la condición de agentes de la autoridad en el ejercicio de sus funciones, lo que refuerza la importancia de contar con una preparación adecuada para desempeñar su trabajo con seguridad y profesionalidad. Mantener una buena condición física no garantiza por sí sola una intervención eficaz, pero puede ayudar a responder mejor ante determinadas situaciones, proteger la propia integridad y la de otras personas, y afrontar las exigencias del puesto. ¿Sería conveniente, por tanto, establecer unas pruebas físicas mínimas y adaptadas a las funciones reales del trabajo penitenciario en toda España?
Conclusión: una oposición que exige prepararse de otra manera
La convocatoria vasca de 2026 ofrece 379 plazas y presenta una diferencia importante respecto al acceso estatal: la incorporación de tres pruebas físicas eliminatorias.
La cifra aproximada de 2.300 solicitudes que circula entre opositores deberá confirmarse con datos oficiales. Mientras tanto, conviene recordar que las instancias no equivalen a las personas que finalmente se presentan ni a quienes superan todas las fases.
Las pruebas físicas pueden contribuir a evaluar ciertas capacidades relacionadas con la seguridad y las condiciones de trabajo en prisión. Pero su valor debe analizarse junto con los conocimientos, las competencias profesionales y las funciones reales que desarrollarán los futuros funcionarios.
Para los opositores, el mensaje práctico es claro: en Euskadi, estudiar bien es imprescindible, pero prepararse físicamente también forma parte de la oposición.
Quienes empiecen con tiempo, conozcan los criterios oficiales y entrenen de manera constante tendrán más posibilidades de llegar al examen preparados para afrontar el reto.
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