¿Qué debería ser realmente una prisión: un lugar de castigo o una oportunidad para cambiar?

En Bolivia, esta pregunta se vuelve urgente. El sistema penitenciario del país funciona con casi el triple de su capacidad, y miles de personas viven en condiciones que desafían cualquier idea de dignidad humana.

En este reporaje propio hemos entrado al Centro de Adaptación Productiva de Montero en Bolivia, una cárcel donde 15 personas duermen en celdas diseñadas para 5 y donde muchos internos llevan años esperando un juicio que nunca llega. Bolivia está en el puesto número 11 mundial en cuanto a hacinamiento carcelario, el segundo en América Latina después de Guatemala.

Tras la reciente aprobación del Decreto 5460, indulto por delitos menores, el gobierno intenta aliviar el colapso penitenciario. Pero dentro de la prisión la realidad es más compleja: fianzas imposibles de pagar, procesos que se eternizan y un sistema donde la libertad, en muchos casos, depende más del dinero que de la ley.

Durante la visita a la cárcel hemos entrevistado en persona a internos, autoridades y delegados de la cárcel.

Este reportaje no busca dar respuestas fáciles, sino mostrar la realidad detrás de los muros y plantear una pregunta incómoda.

Si la prisión solo encierra pero no transforma, ¿qué ocurre cuando esas personas vuelven a salir?

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